miércoles, 22 de junio de 2011

2006 | Agua Va por Claudia Laudanno



María Laura Pini

Wall Drawings, objetos y tramas expansivas. Realidad e ilusión fragmentadas

Por Claudia Laudanno*, curadora de la muestra en el Centro Cultural Recoleta

La nueva propuesta instalatoria de la artista María Laura Pini que actualmente se exhibe en la Sala 9, del Centro Cultural Recoleta de Buenos Aires, plantea un interjuego tripartito, trazado entre el lenguaje del dibujo en campo expandido, el cual, se apropia y abarca las 4 paredes del recinto exponsitivo, la poética del objeto narrativo y/o alegórico y la estrategia del nodo o laberinto, arborescente, de talante rizomático, según la tipología de los mismos, definida por Gilles Deleuze y Félix Guattari.
El dibujo site-specific se abre y expande con diversas flutuaciones de grafías y sentidos, generando un topos imaginario, fuertemente irreal que remite, en clave metafórica, al sentimento océanico, infinito y neosublime de lo inasible. En este universo del arte, inscripto en primera persona sobre los muros de la sala, Pini da rienda suelta a un gesto gráfico proliferante, abusivo, barroquizante y contundente, para dar cuerpo, paralelamente, a la propia doble imagen de sí, desdoblada en millares de siluetas y personajes que se instalan aleatoriamente sobre las paredes, habitando furtivamente las paredes de la sala, con el objeto de ir migrando de un lado a otro. En su voluntaria parodia, banalización irónica y reiteración por acumulación de retículas envolventes, la identidad del sujeto se deshace, se fragmenta, congelada en la fisicidad de los objetos adosados a las paredes y en la irrealidad de la tintas saturadas azules, que reenvian al mar, al carácter acuoso de la existencia, produciendo una atmósfera tórrida, pregnante y sensual. El yo repartido y desdoblado en sus propias ceremonias de ejecución, donde los opuestos viven, no a partir de las contraposiciones y contrastes, sino, en todo caso, gracias a sus propias coincidencias y analogías, dan cabida a este escenario de marcas, huellas, gestos, imporntas y figuraciones sumarias, desbordantes, donde el ego de la artista construyen una topolgía irreal, fantástica de mutuas y constantes transfiguraciones y recambios.
Pini coloca cada detalle de su opus a disposición de una dimensión íntima y secreta, hecha de intercambios y fusiones, anulando la estructura narrativa previsible de la representación, para llevarla al delirio, la deriva, al límite de sus propias posibilidades.
La incorporación del formato "Wall Drawings" asegura a la artista una ejecución en macro-escala de su propio gesto lineal ondulante, serpenteante, como oleadas de mar que van avasallando gradualmente todo el espacio instalatorio.
En una lectura detenida de esta obra ambiental, la naturaleza de los objetos alegóricos parece insertarse y hallar cómodamente su propio "locus" (habitat), en medio de la marejada de líneas envolventes que circundan dicha objetualidad, a partir de una "gramática" propia, sustentada en reglas formales muy austeras, pero, a la vez, bién definidas. La innata fragilidad y voluptuosidad de la línea, no obstante, es el piso o primera escritura sobre la cual, a posteriori, se van acumulando el resto de los registros y esquemas compositivos que Pini manipula.
La obra de Pini sigue el flujo del tiempo, pero sobre todo, del espacio que desea intervenir con sus grafías, cada vez más complejas y alambicadas. La línea abierta, enrulada, espiralada, sus geometrías de rango cursivo, condensan un opus fabulatorio gigantesco donde ya no se pueden vislumbrar más las fronteras que separaban otrora la ortodoxia del dibujo y la poética del objeto. Todo se mezcla, se hibrida y re-formula sin cesar, en un ars combinatoria cuyo fin es la apertura de moradas.
Si bién, la artista diseña y parte de plantillas y bocetos previos para la realización de esta obra en campo expandido (in expanded field), el valor intuitivo y la inversión emocional en el proceso de la ejecución, no son datos menores. Dado que, in situ, Pini, ha podido graficar y explayarse con su gesto, a la manera de un sismógrafo vivo, ciertos acontecimientos, eventos, asociaciones libres, ensueños y recuerdos que han ido poblando gradualmente su prolífico imaginario visual y vital.
El objeto-dibujo porta consigo mismo la prueba de su reconvertida humanidad en un cuerpo vidente y parlante, que se alimenta de profundidades inquietantes.
La sintaxis que sostiene esta arquitectura libre y aérea, como ya anticipamos, en el caso de la poética de Pini, es, a todas luces, un sistema de reglas y cáculos largamente madurado por la artista, donde el esquema de la abstracción redefinida es el que promueve un uso comunicacional del lenguaje del grafismo y del graffiti, en tanto partes esenciales de este tipo de obras.
Las siluetas, las palabras, las imágenes recortadas, los planos que se encuentran y bifurcan entre sí, las líneas que crean una suerte de trait d'union, no son nunca elementos independientes de esta sintaxis crecientemente diseminativa.
Los planos de color y valor, ya sean ortogonales y/o diagonales confirman y aportan una retórica del marco y del encuadre a esta infinita aquitectura de trazos migratorios. Al mismo tiempo, se instala el color, con un empleo monocromático del mismo, redoblando las posibilidades de este esquema ejecutorio abierto y dinámico, que se nutre de todos los accidentes del soporte y del trazo.
Las retículas geométricas aquí, no limitan, sino que poseen una función liberatoria, engarzando objeto con objeto, en un continuum visual altamente sensorializado.


* Doctora en  Historia y Teoría del Arte por la Universidad de Buenos Aires (U.B.A)
Colaboradora y corresponsal permanente de Art Nexus Magazine (Bogotá, Miami)
Crítica de arte, semióloga de la imagen y curadora independiente.